El teléfono
una piedra era el teléfono
que sonaba en el fondo del río
yo no podía saberlo entonces
considerado el hecho que permanecí
una larga temporada
detrás de un grueso ventanal
que eran mis propios ojos
la voz nunca llegó
nunca emergieron esas palabras
allí quedaron sin ser vistas
golpeándose unas a otras
como ebrias extraviadas
reducidas a fin de cuentas
al puñado de letras
que hoy dejo caer desde mi pecho
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